jueves, 18 de octubre de 2012

Acabando cositas pendientes

Estoy terminando el relato "La cuenta pendiente I". Poco a poco voy recuperando las ganas y la inspiración para escribir. 
En breve estará acabado del todo. Es algo "diferente" a otros relatos míos, espero que os guste. 

lunes, 15 de octubre de 2012

El comienzo de todo

Este pasaje de la novela "Las edades de Lulú", de Almudena Grandes, fue para mí el comienzo. Me sigue pareciendo una de las mejores novelas eróticas que he leido, y tuve oportunidad de decírselo a su autora mientras me firmaba un ejemplar en la feria del Libro. Y de agradecerle que la hubiera escrito... 
Os dejo que disfrutéis de esta genial escena, mi favorita, entre los dos protagonistas, Pablo y Lulú: 
Y por supuesto, os recomiendo su lectura: 

GRANDES, Almudena. "Las edades de Lulú". Madrid: 1989, Tusquets (La Sonrisa Vertical)

Por cierto, que en la película, aunque es buena, no está tan lograda...

(...)


-¿Has...? -no terminó la frase, se quedó callado, pensativo, como si estuviera eligiendo las 
palabras-. ¿Le has comido la polla a un tío alguna vez? 
  Dejé de mover la mano, levanté la cabeza y le miré a los ojos. 
  -No -aquella vez no mentía, y él se dio cuenta. 
No dijo nada, seguía sonriendo. Alargó la mano y giró la llave de contacto. El motor se 
puso en marcha. Los cristales estaban empañados. Fuera debía de estar helando, una 
cortina de vapor se escapaba del capó. 
  Se volvió a reclinar contra el asiento, me miraba, y yo me daba cuenta de que el mundo se estaba viniendo abajo, el mundo se me estaba viniendo abajo. 
  -Me da asco. 
  -Lo comprendo -puso un pie encima del acelerador y lo apretó dos o tres veces. 
  Me mordí la lengua. Siempre me muerdo la lengua durante una fracción de segundo antes 
de tomar una decisión importante. 
  Humillé la cabeza, cerré los ojos, abrí la boca, y decidí que, después de todo, no había 
nada malo en asegurarse primero. 
  -No me mearás, ¿verdad? -aquello le hizo mucha gracia, casi todas mis palabras, casi 
todas mis acciones le hicieron mucha gracia, aquella noche. 
  -No, si tú no quieres. 
  Me puse muy seria. 
  -No quiero. 
  -Ya lo sé, imbécil, era sólo una broma.