jueves, 27 de diciembre de 2012

Heat

Escrito en diciembre de 2012
No se me ocurría mejor manera de darte las gracias por todo lo que me estás enseñando y por todo lo bueno que me haces sentir que haciendo lo que más me gusta: escribir. Así que gracias

Su voz le susurraba a través del auricular del teléfono. Le costaba un poco de trabajo oírle, entre el ruido del restaurante y las voces de sus amigos, que hablaban, y no precisamente bajito. Pero pudo escucharle decir:

- Ve al baño. Quítate las bragas, las guardas en el bolso, te haces una foto y me la mandas, y vuelve a la mesa.

A pesar de que esa orden no era excesivamente “atrevida” para ella, pillarla por sorpresa surtió el efecto que Él deseaba. ¿Se había sonrojado? Si, notaba la cara ardiendo. Como pudo, colgó y obvió las caras de interrogación de sus amigos al preguntarle que quién era. Salió al paso como pudo y tuvo que disimular el acaloramiento doble que sentía, por la vergüenza y por el tono autoritario de su voz que tanto le excitaba, la situación… Si, el dilema mental que le suponía siempre desear cumplir sus órdenes, pero al mismo tiempo, la lucha de la mente, que pugnaba por rebelarse. Pero era imposible. Se excitó nada más escuchar su voz, y hubiera sido incapaz de desobedecer. Las consecuencias de hacerlo podrían ser… ¿cuáles podrían ser? No lo sabía, y esa duda la preocupaba y excitaba a partes iguales.