sábado, 4 de mayo de 2013

Permiso


A veces me gustaría no dar tanto de mí cuando escribo. Pero no lo puedo evitar. 
Lo deseo con muchas, muchas ganas. Ni te imaginas cuántas...

Ella estaba sentada frente a él. La copa de cerveza sin alcohol con limón apoyada en sus labios, los que desearía con todas sus fuerzas estar besando hasta la extenuación. Pero su mirada no parecía tener esos planes para él esa tarde. No. Lo intuía, lo leía en sus ojos, en su sonrisa.

No iba vestida para matar, como algunas veces. En realidad, llevaba un sencillo pantalón negro, un jersey del mismo color, que acariciaba sus curvas, maldita sea, igual que él hubiera querido estar haciendo en ese momento. Sí, joder. No quería estar sentado frente a ella tomando una caña, lo que deseaba era estar de rodillas, esperando sus órdenes. Deseando que empezara con él. Uf, no aguantaba, notó como, sólo con el pensamiento de estar arrodillado frente a ella, mirándola desde abajo, su polla se iba endureciendo, inevitable, inexorablemente. Y ella seguía, bebiendo de su copa, lamiendo la espuma de cerveza que quedaba en sus labios, él sabía que no lo hacía conscientemente, pero ese gesto le hace perder la razón. Dios, qué locura. El cerebro le iba a estallar…  ¿pero qué cerebro? Casi no podía pensar de la excitación.

- Termínate la cerveza. Nos vamos.