domingo, 9 de marzo de 2014

Sorpréndeme

Dedicado a alguien absolutamente deliciosa :) Escrito en marzo de 2014. 


No podía descifrar su mirada, hoy le estaba resultando difícil. La había citado a las 21:00, y allí estaba, frente a él. Tenía muchas ganas de usarla, muchísimas, como que hacía días que lo estaba deseando. Saber que ella también lo deseaba sólo le daba más ganas de hacerle toda clase de putadas, retardar sus ganas, hacerla sufrir, en todos los sentidos. Era su Dueño, y ella su perra, e iba a hacer lo que le viniera en gana.

-          De rodillas – le dijo, con su tono habitual, reposado pero firme




Y de repente, la sorpresa.

-          No

Su cara debió de ser un poema. Era la primera vez que le decía algo así, que se negaba a algo tan sencillo.

-          ¿Cómo que no? – su rostro reflejaba sorpresa, y también mucha decepción.

Ella había recibido de él una sola orden antes de llegar “sorpréndeme”.  Iba a jugar fuerte.

-          No, Señor. Hoy no voy a arrodillarme.
-          Vaya, ¿la perrita se nos ha puesto digna? – su tono era calmado aún, pero tenía un tinte de ironía mezclada con un ligero cabreo.
-          No, Señor,  hoy no hay ninguna perra en esta habitación – le mantuvo la mirada
-          ¿Ah, no? – su tono le indicó que estaba perdiendo la paciencia a pasos acelerados
-          No. Por lo menos… no todavía – sonrió

Su rostro se relajó un poco.

-          ¿Todavía?
-          Todavía, Señor. Está al llegar – sonrió.
-          ¿Una perra… para los dos?
-          Sólo tengo permiso para usarla yo, Señor
-          Bien. Veré como lo hace usted, entonces. Eso sí, prepárese cuando se marche, “Señora” - el "usted" y el "Señora" le salieron con sarcasmo.
-          ¿No he cumplido bien la orden? ¿No le he sorprendido, Señor?
-          Mucho. Y la sorpresa me gusta, pero has jugado al límite. Me has desobedecido… y me has cabreado. Lo pagarás, claro, en otro momento – su mirada brilló
-          Lo acepto. Era órdago a grande – sonrió
-          Y yo llevo cuatro reyes – la atrajo hacia sus labios y le dio un mordisco fuerte en los suyos, apretándola contra su cuerpo.

La soltó, dejando que se recompusiera un poco.

-          Explíqueme las reglas del juego, Señora – sonrió, mientras se sentaba en el sofá.

Ella se sentó en un puf pequeño. La falda que llevaba dejaba ver las presillas del liguero, y se entretuvo observando sus piernas, adornadas por los afilados tacones. Cruzó la pierna en un gesto a lo Sharon Stone y cogió la copa que estaba sobre la mesita. Bebió un sorbo, despacio.

-          Ella llegará a las 22:00. Sólo puedo usarla yo, excepto que su Amo le autorice, o ella tenga orden de entregarse a usted de alguna forma.
-          ¿La conozco?
-          No – sonrió- Y es vieja y fea, muy fea… - volvió a sonreír- Sí, la conoce, Señor, y sé que le encanta.
-          Muy graciosa estás esta noche perr… uhm…
-          Estoy disfrutándolo, que lo sepa...
-          Ya veremos si se ríe tanto mañana, Señora
-          Cuánto rencor, Señor… - le dijo, irónica

Él intentó alejar de su mente las ganas de tumbarla sobre sus rodillas y ponerle el culo morado. Rojo no, morado. Sabía llevarle a ese estado mezcla de rabia y deseo. Ya la pillaría, ya. Ahora, respiró hondo y tomó un trago largo del ron con soda que tenía delante.

Y sonó el portero automático. Las 22:00.

(Continuará)






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